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No me imaginaba contando esto tan temprano, pero la vida a veces es así.
Al que le pasó algo parecido, entenderá como me siento: vacío.
4 años tenía nomás, y en una semana la puta Leucemia se lo llevó, y me tocó a mí ver cuando daba su último suspiro, con las encías blancas por la falta de sangre, y toda la pared y el piso manchados. Lo ví morir y esa imagen no me la quita nadie de la cabeza, el perro temblando, quejándose.
Ni un puto beso de despedida le pude dar, no me animé a acercarme.
Lo amaba demasiado y no se imaginan como extraño sus ladridos a las 3 de la mañana, o tener que patearlo cuando me sentaba a la mesa porque siempre se ponía abajo mío. Extraño jugar con él, tirarme, correr. Extraño esos ojitos brillosos. Lo extraño todo.
